Archive for Siglo XIX

Potpourri y la vida de Cambaceres

En la introducción de la edición de Cátedra de Sin rumbo, realizada por Claude Cymerman, se señala en la página 26, que Cambaceres (el nuestro, no el caricaturizado de su hermano) se negó a ser abogado por falta tanto de vocación como de necesidad de ingresos (debido a su situción económica privilegiada).

Cambaceres cuenta esta experiencia en los prólogos a otra de sus obra Potpourri. Silbidos de un vago, de 1882, una obra que levantó mucha polémica en Argentina por el retrato irónico de la vida burguesa.

Panteón de los Cambaceres, en el cementario de la Recoleta, en Buenos Aires. Fuente: "Sin Rumbo", edición de Cumerman.

Panteón de los Cambaceres, en el cementario de la Recoleta, en Buenos Aires. Fuente: “Sin Rumbo”, edición de Cumerman.

El Proyecto biblioteca digital argentina contiene este texto, donde podemos leer la obra completa, incluidos los prólogos. De ellos extraigo varias citas que nos dan una pequeña muestra del humor, la vida y la irreverencia del autor:

Una mañana me desperté con humor aventurero y, teniendo hasta los tuétanos del sempiterno programa de mi vida: levantarme a las doce, almorzar a la una, errar como bola sin manija por la calle Florida, comer donde me agarrara la hora, echar un bésigue en el Club, largarme al teatro, etc., pensé que muy bien podía antojárseme cambiar de rumbos, inventar algo nuevo, lo primero que me cayera a la mano, con tal que sirviera de diversión a este prospecto embestiador, ocurriéndoseme entonces una barbaridad como otra cualquiera: contribuir, por mi parte, a enriquecer la literatura nacional.
Para que uno contribuya, por su parte, a enriquecer la literatura nacional, me dije, basta tener pluma, tinta, papel y no saber escribir el español; yo reúno discretamente todos estos requisitos, por consiguiente, nada se opone a que contribuya, por mi parte, a enriquecer la literatura nacional.
Francamente, le jeu n´en valait pas la chandelle.

El que crea encontrar en las páginas de este libro estudios serios, fruto de una labor asidua, debe, desde luego, cerrarlo sin más vuelta.
No quiero ni puedo hacer nada serio.
El más pequeño esfuerzo intelectual me postra.
Vivo por vivir, o mejor: vegeto.
Perdidas en medio de mis muchos defectos, tengo algunas buenas dotes. Poseo, por ejemplo, un fondo innegable de honradez; por eso es que nada prometo, desde que nada puedo dar.
Ya saben ustedes, pues, a que atenerse.

Mi excelente madre se empeñaba en hacer de mí un abogado.
Amándola con delirio, no me sentí con fuerzas bastantes a contrariar su voluntad, sagrada para mí, y estudié derecho.
Entendámonos.
Más que vida de estudio, fue la mía, vida de placeres y de holganza.
Mimado por mis padres, con dinero a discreción y el libre arbitrio más absoluto, frecuentaba los salones, teatros y paseos, mientras las Pandectas, las Partidas y los Cánones yacían en lastimoso y polvoriento olvido.
Esto duraba diez meses.
[...] La vergüenza de una posible reprobación hacíame reaccionar de tal manera que, durante los dos meses restantes, dedicaba ocho y hasta diez horas diarias al estudio, lo que me permitía presentarme a las pruebas finales y salir airoso de ellas.
Pero, ¡ay! ¡lo que así se gana, así se pierde! Dos meses antes del examen no sabía nada, pero dos meses después… tampoco.
[...]
Una mañana de invierno fría y gris como el spleen que me dominaba, me levanté resuelto a poner fin a mis males con un remedio brutal. Cerré con llave las puertas de mi estudio; pegué sobre ellas el letrero siguiente: «Cerrado por causa d’embêtement», y procedí, enseguida, a repartir mi clientela entre mis condiscípulos más pobres y más famélicos, como se reparte la carne del manso buey en las jaulas de fieras y aves de rapiña de los jardines de aclimatación.

El Mosquito, sátiras argentinas del siglo XIX

En el capítulo IV de la novela de este mes, Sin rumbo, se mencionan unas caricaturas:

A lo largo de la pared, clavadas con tachuelas, se veía una serie de caricaturas del Mosquito, regalo del mayoral de la galera: el General Sarmiento vestido de mariscal, el Doctor Avellaneda, enano sobre tacos de gigante, el Brigadier D. Bartolo Mitre, en la azotea de su casa, el doctor Tejedor, de mula, rompiendo a coces los platos de un almacén de loza, la sombra de Adolfo Alsina ¡llorando las miserias de la patria!.

 

El Mosquito

El Mosquito

El mosquito

El mosquito

Este Mosquito fue una revista cómica real publicada durante algunas décadas del siglo XIX en Argentina. Como se dice en la web Todo historietas:

En 1863 aparecería el periódico dominical “El Mosquito“, considerada como la primera revista con humor político nacional. En “El Mosquito”, que se publicaría hasta el año 1893, serían populares los dibujos de Henri Stein y las caricaturas de Henri Meyer.

En el texto de Cambaceres se hace mención a Bartolo Mitre. En la web Tebeosfera se hace un análisis de algunos dibujos relacionados con él, quien fue el gobernador de Buenos Aires y Presidente de Argentina del 85 al 88.

Bortolo

Bortolo Mitre

Bartolo Mitre

Bartolo Mitre

Además tuvo un papel protagonista en la llamada Guerra de la triple alianza, en la que Brasil, Argentina y Uruguay se enfrentaron a Paraguay. Mitre aparece en la siguiente imagen en el centro, manteniendo a Paraguay a un lado (Francisco Solano López) y al otro Uruguay, Argentina y Brasil:

La Guerra de la Triple Alianza, en El mosquito

La Guerra de la Triple Alianza, en El mosquito

Pero aún más cercano a nuestro escritor, es la caricatura de Cambaceres. Lamentablemente no de Eugenio, autor de Sin rumbo, sino de su hermano, Antonio Cambaceres:

Antonio Cambaceres, en El mosquito

Antonio Cambaceres, en El mosquito

La imagen que vemos es un calendario satírico que dice lo que no se verá el año siguiente. Y dice:

Lo que no se verá en 1880: A. Cambaceres deja de ocuparse de ferrocarriles

Efectivamente, el hermano mayor de nuestro escritor era director de Ferrocarril del Oeste, en Buenos Aires.

Aquí van algunas viñetas:

Cubierta de El Mosquito

Cubierta de El Mosquito

 

Cubierta de El mosquito

Cubierta de El mosquito

 

 Fuentes:

Sin rumbo, Eugenio Cambaceres

Información básica:

Eugenio Cambaceres

Eugenio Cambaceres

Novela de finales del siglo XIX, escrita por el argentino Eugenio Cambaceres.

¿De qué habla?
Andrés es el protagonista de la novela, un joven que reparte su tiempo entre sus posesiones de terrateniente y su vida de play boy en el Buenos Aires decimonónico. Él refleja las nuevas tendencias filosóficas y estéticas, el tedio burgués, las escenas de escándolos burgueses y del interior de Argentina…

¿Lo mejor?

En comparación con lo que se estaba escribiendo en inglés, francés, alemán o ruso, la literatura decimonónica en español resulta más que cauta cuando no reaccionaria o defensora del catolicismo. Desde luego la novela de Cambaceres no es revolucionaria, pero apunta unas nuevas maneras y corrientes que rompen con la tradición hasta ese momento. Puede contarse entre los iniciadores de la mejor literatura latinoamericana, que décadas después acaparía la atención y la calidad artística de la que la Península parece agotarse.

¿Lo más difícil?
Dependiendo de la variante del español que hablemos, parte del vocabulario puede resultar complicado de entender. Por esto recomiendo vivamente una buena edición anotada. Especialmente difícil de descifrar son las conversaciones entre trabajadores de la hacienda.

¿Me lees un trozo?

Empezamos por una descripción de la hacienda del protagonista y de él, Andres:

Las perdices silbaban su canto triste, melancólico. Los jilgueros y benteveos, cansados, se ganaban a hacer noche en la espesura del monte, los teros, de a dos, bichaban cuidando el nido y, azorados ante el vuelo de un chimango o la proximidad de un hombre cruzando el campo, se alzaban en volidos cortos, se asentaban ahí no más, corrían, se paraban, se agachaban y, aleteando, soltaban su grito autero.
[…]
En el balcón abierto de su cuarto, al naciente, largo a largo tendido sobre un sillón de hamaca, alto, rubio, la frente fugitiva, surcada por un profundo pliegue vertical en medio de las cejas, los ojos azules, dulces, pegajosos, de esos que es imposible mirar sin sufrir la atracción misteriosa y profunda de sus pupilas, la barba redonda y larga, poblada ya de pelo blanco no obstante haber pasado apenas el promedio de la vida, estaba un hombre: Andrés.

Aquí va otro segmento, que cierra un capítulo en el que en su ciudad proponen a Andrés para que dirija una comisión para construir una nueva iglesia y escuela. Esta es su respuesta:

-¿Me van ustedes a permitir señores, que les dé sencillamente un consejo? -dijo Andrés con un gesto de impaciencia disimulado apenas en la corrección y cultura de sus modales.
-Sí señor, hable, hable don Andrés.
-Déjense de perder su tiempo en Iglesias, y en escuelas; es plata tirada a la calle. Dios no es nadie; la ciencia un cáncer para el alma. Saber es sufrir; ignorar, comer, dormir y no pensar, la solución exacta del problema, la única dicha de vivir. En vez de estar pensando en hacer de cada muchacho un hombre, hagan un bestia… no pueden prestar a la humanidad mayor servicio.
Luego, como aligerado del peso de la carga de bilis que acababa de arrojar, impasible sacó el reloj.
-Las cuatro de la tarde y ocho leguas de camino por delante. ¡Señores, queden ustedes con Dios!

Sin rumbo, de Eugenio Cambaceres

Sin rumbo, de Eugenio Cambaceres

Aquí va un texto que recoge bastante bien el pensamiento del protagonista:

Nada en el mundo le halagaba ya, le sonreía, decididamente nada lo vinculaba a la tierra. Ni ambición, ni poder, ni gloria, ni hogar, ni amor, nada le importaba, nada quería, nada poseía, nada sentía.
En su ardor, en su loco afán por apurar los goces terrenales, todos los secretos resortes de su ser se habían gastado como se gasta una máquina que tiene de continuo sus fuegos encendidos.
Desalentado, rendido, postrado andaba al azar, sin rumbo, en la noche negra y helada de su vida…

La última, una pequeña escena erótica:

Medio desnuda ya, Andrés la abrazó del talle y la alzó.
Sin violencia la prima donna se dejó arrastrar hasta la alcoba. Los dos rodaron sobre la cama.
El seguía despojándola del estorbo de sus ropas. Ella ahora le ayudaba. Enardecida, inflamada, febriciente, arrojaba lejos al suelo la bata, la pollera, el corsé, se bajaba las enaguas.
Era un fuego.

¿Donde lo consigo?

Recomiendo que sea lea en edición en papel, anotada, por las dificultades léxicas que ya he comentado. Por ejemplo, la edición de Cátedra de Claude Cymerman. En Internet hay algunas ediciones electrónicas, como la del Proyecto Biblioteca Digital Argentina, donde se puede leer en pantalla (aunque no se puede descargar como libro electrónico, tristemente).

Oscar Wilde, una persona extraordinaria: cine, caricaturas, fotografías…

Oscar Wilde es el puente perfecto entre el siglo XIX y el XX. Ciudadano de un imperio al que su sangre irlandesa no deseaba pertenecer, burgués de la clase más alta y tratado como paria al final de su vida, uno de los primeros personajes europeos que fue perseguido por sus relaciones homosexuales y que se atrevió a posar y a escribir sobre ello.

Stephen Fry (Oscar Wilde) y Jude Law (Alfred Douglas, Bosie)

Stephen Fry (Oscar Wilde) y Jude Law (Alfred Douglas, Bosie)

La película Wilde de 1999 muestra buena parte de esas experiencias. Aunque, como cualquier película, se le pueda echar en cara que no sea totalmente biográfica, en términos generales es bastante fiel a la vida del autor de El retrato de Dorian Gray; algunos diálogos —como el discurso que da Wilde al público tras la obra de teatro— son idénticos a como fueron en su día. La elección de Stephen Fry como Oscar Wilde es tan rotunda que siempre que imagine a Wilde tendrá la cara, más que similar, del actor británico. Jude Law representa a Alfred Douglas, Bosie, el amante más importante de Wilde. Los dos actores actúan de manera extraordinaria, por ejemplo en la escena del vaso de agua. Tom Wilkinson, Jennifer Ehle, Michael Sheen (Tony Blair en varias películas), Ioan Gruffudd (Mr. Fantástico) y una cortísima aparición de Orlando Bloom forman el resto de los personajes.

Podéis ver la película (en español, antes la teníamos en inglés) completa aquí:

Pero no vamos a basar toda nuestra percepción de Wilde en esta obra de ficción: utilicemos otras obras de ficción. Wilde fue uno de los personajes públicos más caricaturizados de su época. Ya publicamos en el primer artículo un dibujo publicado en Vanity Fair. Aquí van otras caricaturas de la época, en cuya mayoría aparece dibujado con flores (casi siempre girasoles):

 

Estos no son los únicos documento gráficos que nos quedan ya que Oscar Wilde disfrutó y posó para la fotografía. La cantidad de dinero que tuvo que dejarse en fotógrafos tuvo que representar una fortuna. Pero gracias a ese dispendio hoy en día nos quedan tantos documentos:

Wilde de niño, vestido de niña por una superstición de la época

Wilde de niño, vestido de niña, por una superstición de la época

Wilde posando

Wilde posando

Wilde volviendo a posar

Wilde volviendo a posar

Fotografía de Wilde y su amante Alfred Douglas, Bosie

Fotografía de Wilde y su amante Alfred Douglas, Bosie

Fotografía Alfred Douglas, Bosie

Fotografía Alfred Douglas, Bosie

 

Como última gominola, va una grabación de The Ballad of Reading Gaol, un poema de Wilde (cuyo ebok podéis descargar desde el Proyecto Gutenberg). La voz de la grabación es presumiblemente la del mismo Wilde, aunque no está asegurado. Queramos creer:

 

Bibliografía:

The exquisite life of Oscar Wilde, Calloway y Colvin, New York : Barnes & Noble, 1998

Das Oscar-Wilde-Album, de Holland y Wasel, München : Blessing, 1998

À rebours, de Huysmans: el libro que fascinó a Dorian

Cubierta de À rebours, de Huysmans

Cubierta de À rebours, de Huysmans

Casi eran las nueve cuando llegó al club, donde encontró a lord Henry, solo, en una habitación que se utilizaba por las mañanas como sala de estar, con aire de infinito aburrimiento.
—Lo siento, Harry —exclamó el muchacho—, pero en realidad has tenido tú la culpa. El libro que me has prestado es tan fascinante que se me ha pasado el tiempo volando.
—Sí; me pareció que te gustaría —replicó su anfitrión, levantándose del asiento.
—No he dicho que me guste, Harry. He dicho que me fascina. Hay una gran diferencia.
—Ah, ¿ya has hecho ese descubrimiento? —murmuró lord Henry, mientras se dirigían hacia el comedor.

De esta manera se termina el capítulo décimo de El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. La metaliteratura (o literatura dentro de la literatura) irrumpe en la novela y marca al protagonista tanto, que el siguiente capítulo comienza diciendo que:

Durante años, Dorian Gray no pudo librarse de la influencia de aquel libro. O quizá sea más exacto decir que nunca trató de hacerlo. Encargó que le trajeran de París al menos nueve ejemplares de la primera edición en papel de gran tamaño, con márgenes muy amplios, y los hizo encuadernar en colores diferentes [...].

La novela aporta detalles sobre el contenido de ese libro fascinante:

El protagonista, el asombroso joven parisino cuyos temperamentos romántico y científico estaban tan extrañamente combinados, se convirtió en prefiguración de sí mismo. Y, de hecho, el libro entero le parecía contener la historia de su vida, escrita antes de que él la hubiera vivido.
Había, sin embargo, un punto en el que era más afortunado que el fantástico protagonista de la novela.

Joris-Karl Huysmans

Joris-Karl Huysmans

La importancia de leer buenas ediciones anotadas se subraya en estos casos. Porque sin esas anotaciones el lector podrá pensar que ese libro es una invención literaria más de Wilde. Pero no es así, ese libro existió realmente: À rebours, del escritor parisino Joris-Karl Huysmans, publicado 1884.

Esto es lo que ocurre con Dorian cuando comienza a leerlo:

A los pocos minutos le había capturado por completo. Se trataba del libro más extraño que había leído nunca. Se diría que los pecados del mundo, exquisitamente vestidos, y acompañados por el delicado sonar de las flautas, pasaban ante sus ojos como una sucesión de cuadros vivos. Cosas que había soñado confusamente se hicieron realidad de repente. Cosas que nunca había soñado empezaron a revelársele poco a poco.

Desde luego es un libro extraño, sobre todo debió serlo para su época —a estas alturas las novelas sin argumento no son ninguna sorpresa—. No voy a resumir de qué va cuando ya lo hizo Wilde:

Era una novela sin argumento y con un solo personaje, ya que se trataba, en realidad, de un estudio psicológico de cierto joven parisino que empleó la vida tratando de experimentar en el siglo XIX todas las pasiones y maneras de pensar pertenecientes a los siglos anteriores al suyo, resumiendo en sí mismo, por así decirlo, los diferentes estados de ánimo por los que había pasado el espíritu del mundo.

El título ha sido traducido al español como A contrapelo, Contra natura o Al revés, del que os podéis descargar un pdf —triste formato— aquí. En inglés ha sido traducido como Against the grain o Against Nature. Os podéis descargar un ebook en inglés del Proyecto Gutenberg, aunque esta edición no es completa.

No lo es porque veinte años después de su publicación el autor se autocensuró dos de los pasajes menos ortodoxos —y más interesantes, claro—. La edición que está en el Proyecto Gutenberg sigue esa edición tardía y censurada. Pero si queremos saber por qué Dorian y Wilde se interesaron en este libro, tendremos que acceder a los pasajes amputados.

El autor eliminó muchas oraciones del capítulo nueve, en el que se describe la historia del protagonista con una artista de circo llamada Urania. Las descripciones eliminadas son principalmente aquellas que señalan que ella en realidad resultaba más masculina que el protagonista y que por lo tanto los papeles sexuales se intercambiaron entre ellos.

Cuadro de Moreau sobre Salomé descrito en À rebours

Cuadro de Moreau sobre Salomé descrito en À rebours

Pero el recorte más sangrante fue el capítulo sexto, que desaparece por completo en la edición posterior. En ella cuenta la historia de un amigo suyo que termina divorciado por un sutil boicot inmobiliario por parte del protagonista. Además se describe un experimento con un joven guapo —¿nos suena?— que el mismo protagonista se encarga de explicar:

La verdad es, sencillamente, que estoy tratando de convertir a este chico en un delincuente. Veamos si puedes seguir mi argumentación. El chico es virgen y ha alcanzado la edad en que la sangre empieza a hervir. [...] Al traerlo aquí, al hundirlo en un lujo que nunca conoció y que jamás podrá olvidar, y brindándole la misma posibilidad cada dos semanas, espero llegar a habituarlo a estos placeres que él no puede proporcionarse. [...] Pasados esos tres meses, dejo de darle su pequeña asignación, que voy a entregarte por adelantado para que hagas tratar bien al chico. Y para conseguir dinero a fin de pagar sus visitas aquí, se convertirá en asaltante, hará cualquier cosa que le posibilite volver a uno de los divanes en tus cuartitos con luz de gas. Con optimismo, espero que un buen día dé muerte a ese caballero que se le aparecerá inesperadamente cuanto le esté forzando el escritorio. Y tal día estará alcanzado mi objetivo  habré contribuido, en cuanto me es posible, a la forja de un criminal, de un enemigo más de la espantosa sociedad que nos está dejando en la ruina.

La lectura es interesante porque se observan fácilmente detalles que se repiten en Dorian: el arranque del libro alrededor de un cuadro, la orfandad del protagonista, el acercamiento a la Iglesia Católica (que Dorian también tiene en el capítulo once), las menciones a “De profundis” o la figura de Salomé.

Segundo cuadro de Moreau descrito en el libro: La aparición

Segundo cuadro de Moreau descrito en el libro: La aparición

El libro, más que una novela, es más una guía de gustos literarios, pictóricos, sobre moda o flores de la época. En pintura habla de Goya, el Greco, Rembrandt y, principalmente, Gustave Moreau, del que el protagonista posee dos cuadros descritos en el capítulo sexto, cuadros que se reproducen en este post. En cuanto a literatura subraya la importancia principalmente de Poe y Baudelaire, así como también la de Dickens, Marques de Sade, Verlaine o Mallarmé.

Las bofetadas contra instituciones tradicionales recuerdan a las de Henry. “Seguía considerando la religión como una leyenda soberbia, un fraude magnífico”, “si un Dios hizo este mundo, no quiero ser ese Dios” o “durante un tiempo estuvo más obsesionado, no tanto con la religión en sí, sino con los actos y pecados que prohíbe” podrían encontrarse perfectamente en la obra de Wilde.

Difícilmente podremos aceptar esta obra hoy en día como una guía de “pecados del mundo” ni nos satisfará como obra literaria. La práctica inacción, las descripciones sobre obras filosóficas-religiosas de los primeros siglos de nuestra era, las interminables argumentaciones de por qué pinta su casa de los colores que la pinta y no de otros —argumento todos y cada uno de los colores descartados— dificultan su lectura. Pero resulta muy interesante para profundizar en las fuentes y gustos de Wilde o para investigar los lujos y placeres decimonónicos franceses.

Dorian Gray en cine

Una novela como El retrato de Dorian Gray ha atraído desde su publicación a muchos directores y guionistas que han querido traducir al cine la obra de Oscar Wilde. En este artículo vamos a ver cuatro versiones de las últimas décadas y terminaremos con una recomendación sobre cuál de ellas ver. Empezamos.

The picture of Dorian Gray, 1945

Durante varias décadas LA versión cinematográfica de la obra de Wilde. Película en blanco y negro, notablemente fiel al libro. En mi opinión consigue mantener elementos narrativos, como la voz del narrador, y traspasar al cine el lirismo y simbolismo de la novela mediante recursos como la música (casi siempre muy apropiada), la luz o la aparición de escenas en color. También se aprecian las numerosas apariciones del nombre de Wilde, lecturas de sus poemas o reproducciones de los grabados que acompañaron Salomé. La música es uno de los aspectos más potentes: marca el ritmo de la película. De especial importancia es el preludio nº 28 de Chopin, compositor cuyas piezas Dorian interpreta también en el libro:

El protagonista es el actor Hurd Hatfield, quien, curiosamente, volvería a representar un papel en una película basada en un libro: El Cid (la versión protagonizada por Charlton Heston). La inexpresividad casi absoluta es el rasgo principal de su representación de Dorian, rasgo que por momentos ralentiza y no consigue convencer. La actriz que interpreta el personaje de Sibyl Vane es Angela Lansbury, quien años después sería Miss Marple.

Aquí va el trailer original:

Puedes ver la película The picture of Dorian Gray de 1945 aquí.

Dorian Gray, 1970

La única versión tratada en este post que ha modernizado la época de la historia, llevándola al Londres de los años 70. Dirigida por Massimo Dallamano y protagonizado por el actor austríaco Helmut Berger. Con un comienzo que se repetirá en el 2009, mis expectativas sobre esta versión se vieron rápidamente decepcionadas. Es secundario que la secuencia de escenas cambie, lo lamentable es que el guión de la película haya echado a perder personajes completos (principalmente el de Henry) o que las relaciones entre los protagonistas se hayan vulgarizado. Llama la atención principalmente la superficialidad e irracional de las reacciones de enfado y excitación sexual. El espectador debe padecer típicas escenas de cabreo entre novios y sexo rápido despechado.

Aquí va un trailer. Lamentablemente no he conseguido la versión completa en Internet:

Dorian oculta con su cuerpo su propio retrato. Probablemente una de las mejores escenas de la película.

Dorian oculta con su cuerpo su propio retrato. Probablemente una de las mejores escenas de la película.

Las escenas sociales cínicas y rápidas del libro se vuelven lentas y aburridas, lo que se debe, en parte, a la destrucción del personaje de Henry. Y el final resulta imperdonable. La dirección del último movimiento es errónea y rompe buena parte del lirismo y sentido del libro.

¿Se salva por algo la película? En primer lugar valoro la modernización, aunque en algunos momentos no se soporta —el marinero en la discoteca—. En segundo lugar, la escena homosexual con el marinero mulato resulta muy acorde a la novela. Otro aspecto que aprecio es el hecho de que haya mantenido la escena de teatro chusco de Sibyl o la de caza, que en casi todas las otras versiones fueron eliminadas. Por último, la representación del cuadro —cuyos juegos con la luz recuerdan mucho a 1945—. Ah, y desde luego es la versión donde más carne se puede ver: femenina y masculina casi por igual.

The picture of Dorian Gray, 1976

Henry y Dorian hablan sobre Sibyl

Henry y Dorian hablan sobre Sibyl

Esta versión vuelve a demostrar que para producir algo de calidad lo principal no es la cantidad de dinero que se invierta, sino las ganas de cuidar la calidad que se tengan. Esta versión se pensó para televisión y fue realizada por la BBC.

El guión es extraordinariamente fiel al libro, aunque, evidentemente, no es un calco —en primer lugar porque la lectura del libro duraría demasiado para una película—, pero la enorme mayoría de las escenas son idénticas al libro y numerosos diálogos son citas textuales de la novela. El final de la película, en cambio, parece querer terminar con prisa. Algunas escenas completas son eliminadas, otras pierden o no se entienden las motivaciones originales.

La actuación de Peter Firth como Dorian, Jeremy Brett como Basil, John Gielgud como Henry y Nicholas Clay como Campbell sostienen la película notablemente. El aspecto de la novela que mejor trata esta versión en comparación con el resto son las relaciones homosexuales entre varios de los personajes. Como en el libro, nada se muestra, nada se dice; pero se deja muy claro ciertos deseos y pasiones. De hecho es la única película que no ha inventado una excusa para Basil sobre por qué no quiere exponer el cuadro: en esta versión dice exactamente lo mismo que en el libro.

Puedes ver la película completa aquí:

En mi opinión, es la mejor versión cinematográfica de El retrato de Dorian Gray. Esto no significa, claro, que sea perfecta. Se echa de menos el cuidado sobre ciertos detalles que sí se observaba en 1945. Los decorados, la música y el montaje padecen de un carácter demasiado televisivo, o sea, demasiado barato: por ejemplo, no hay ni una sola toma en exteriores.

Dorian Gray, 2009

Revisión de los pecados de Dorian, una de las mejores escenas.

Revisión de los pecados de Dorian, una de las mejores escenas.

Hay pocos aspectos del libro que no haya arruinado esta película. Desde luego lo mejor de esta versión es la elección de Ben Barnes como Dorian. La perfección de sus rasgos perdonan el detalle de que en el libro Dorian es rubio. La segunda disculpa es la elección de Colin Firth como Henry. El tono, la actuación y el cinismo le quedan extraordinariamente bien.

Por lo demás han convertido lo sutil y delicado del libro en una caricatura hollywoodiense. Las típicas escenas de películas baratas se amontonan y se ignora el discurrir original de la novela. Probablemente el mejor ejemplo de abaratamiento es la escena de la caza de la liebre, con la irónica, poética y potente escena del disparo, que se convierte en la película en un tópico tiroteo con persecución. Aquí va un trailer:

Otro ejemplo del embrutecimiento de la historia es el carácter homosexual. En la novela son apenas unas pinceladas delicadas —pero visibles—; en la película se convierte en una mamada solucionada en pocos segundos. Si la primera mitad de la película os revuelve la tripa, dejadlo, porque en la segunda mitad el espanto se eleva al cubo.

Podéis ver la película aquí:

Resumiendo, ¿cuál es la mejor versión de El retrato de Dorian Gray?
Como todo, depende:

  • Si no has leído el libro y quieres un buen resumen de 100 minutos: la versión de 1976.
  • Si ya has leído el libro, te gustó, y quieres disfrutar de una versión de calidad: la de 1945.
  • Si ya has leído el libro, has visto las películas y sigues teniendo hambre de Dorian, ve cualquiera de las otras dos (1970 ó 2009): sus pecados son diferentes, pero la baja calidad del conjunto es similar.